El buen envejecer: entre la trampa de la sobreexigencia y el abandono radical
Aceptar el paso del tiempo es un proceso clave en la vida, pero suele prestarse a confusiones: aceptar no significa abandonarse ni resignarse, pero tampoco caer en la trampa de la sobreexigencia.
El psiquiatra y psicoanalista Leopoldo Salvarezza planteaba que el «buen envejecer» consiste en acompañar los cambios inevitables sin la obsesión de mantenerse joven a cualquier precio.

Vivimos en una cultura que nos presiona para ocultar las huellas del tiempo y rendir siempre como si no pasaran los años. Intentar retroceder el reloj a toda costa resulta antinatural y genera una enorme carga de angustia y frustración.
Cuidarse no es competir contra el tiempo. Hay una diferencia fundamental entre cuidar la salud y luchar contra la biología. El verdadero bienestar se encuentra en el centro de dos extremos perjudiciales:
- En un extremo, el abandono: Resignarse, descuidar la salud y caer en la pasividad creyendo que ya no vale la pena intentar estar mejor.
- En el otro extremo, el exceso: Extralimitarse, exigirse hasta el agotamiento y pretender un rendimiento que no responde a la realidad actual.
- En el centro, lo saludable: Cuidar el cuerpo, estimular la mente y mantenerse activo respetando los propios ritmos y posibilidades.
Encontrar el equilibrio
El «buen envejecer» no es bajar los brazos ni someterse a exigencias irrealizables. Es encontrar el desafío justo: elegir con sabiduría dónde poner la energía, reconocer los propios límites y habitar el presente con dignidad.

